Para generar un acercamiento más amigable, esta parte del proceso se nos presentó como un trabajo en parejas. Fue un desafío definitivamente, pues es mucho más sencillo discutir con uno mismo que con otra persona. Sin embargo, mi compañera fue mi mejor amiga y nos sentimos muy orgullosas de este trabajo.
Una de las pocas ocasiones en que uno de verdad encuentra una persona que complementa su estilo de trabajo y logran potenciarse.
El árbol: una representación de la figura masculina
“El árbol” (1939) cuento de María Luisa Bombal, escritora chilena caracterizada por pertenecer al movimiento surrealista, se sitúa en el Chile de los años treinta y narra la historia de una mujer llamada Brígida y el decaimiento de su relación con Luis, su esposo. Si se habla de la vida del personaje principal, es fácil identificar una cierta proyección por parte de la autora, cuya vida fue marcada por diversos acontecimientos que le generaron conflictos reflejados en sus escritos, por ejemplo la muerte de su padre o una relación muy intensa que tuvo durante su juventud. Esta última se destacó por el sentimiento de abandono por un amor no correspondido, lo cual coincide con el sentimiento que expresa la protagonista.
Este cuento, escrito en prosa, cuenta con un narrador omnisciente. La historia relata de manera atemporal dos épocas de la vida de Brígida, que junto con el contexto social, tuvieron gran incidencia en su autopercepción. Esta anacronía, característica del movimiento surrealista, busca contrastar dos relaciones con hombres importantes en su vida. Primero se menciona a su padre, con quien aparentemente no tuvo una relación cercana puesto que él nunca manifestó interés por educarla y solamente se resignó a declararla “retardada”. Sus hermanas y su padre fueron los primeros en influir negativamente en su autoestima al encasillarla en un estereotipo de inepta, atribución que ella no pudo superar. Luego se presenta a Luis, un amigo íntimo de su padre, quien fue el primero en hacerla sentir bien consigo misma: “Desde muy niña, cuando todos la abandonaban, corría hacia Luis”. Esto puede evidenciar que la naturaleza de su relación con él en realidad no se trataba de amor, sino de la búsqueda del padre que nunca tuvo.
La anacronía mencionada en el anterior párrafo nos transporta entre épocas y pensamientos de Brígida utilizando la mención de distintos compositores, lo que al analizar sus características musicales, permite percibir una clara transición de intensidad a calma. Empieza por Mozart: fuerte, con varios instrumentos brillantes, es decir, principalmente melodías estridentes; le sigue Beethoven, funcionando como puente entre compositores con estilos distintos; se concluye con Chopin, destacado por sus composiciones para piano y la calma que la mayoría de sus piezas transmite. Esta analogía se puede interpretar como una representación de tres aspectos de la vida de la protagonista. Por un lado, su desarrollo personal, plasmando la energía de una niña pequeña que crece y va madurando. Por otra parte, este elemento podría relacionarse con Luis de dos formas: el impacto en la auto percepción de Brígida o la calma que le transmite.
Lo mencionado anteriormente en cuanto a las figuras masculinas en la vida de la protagonista y lo que estas expresan, reúnen características que se le pueden atribuir al árbol: símbolo que le brindaba consuelo y seguridad, pero que, a la vez, era una atadura que le impedía concebir su vida más allá de la comodidad y costumbre de su matrimonio. Una vez que ella pierde el interés en Luis el árbol es talado, lo cual se utiliza como paralelismo para representar la desaparición de esta atadura. la vista desde la ventana del cuarto de vestir funciona como una metáfora: enmarca el paisaje como si fuese su vida, que a su vez es eclipsada por el árbol, el hombre. En cierta forma, representa sus prioridades. La ventana despejada marca el momento en el que Brígida descubre el mundo que se ha perdido por culpa del árbol, y cuando finalmente le da importancia a sus propios deseos y ambiciones.
La manera en que la autora nos entrega símbolos que permiten comprender la historia a un nivel más profundo es impecable, puesto que no sólo se relata una historia entendible a primera lectura, sino que la inclusión de estos detalles nos entrega una perspectiva interna de los sentimientos de la protagonista, relatando incluso cosas que quizás ni Brigida identificaría. Un cuento digno de analizar que posee una temática con la que varias personas se podrían sentir identificadas. Una linda manera de conocer el mundo interior de la autora y empatizar con su sentir.
Leonor Delgado
Sofía Ojeda
III°