Este en realidad aparentemente nunca tuvo nombre, posiblemente porque nunca fue su objetivo el ser expuesto a otros ojos que no fueran míos.
Fue el primer desahogo literario exitoso: siempre tenía una sensación el pecho que exigía ser plasmada, para que no me consuma. Este fue el primero con el cuál sentí que lo pude lograr.
En su momento fue un gran orgullo, estaba en sexto básico y profundamente involucrada en los aires confusos e intensos de aquella época.
Le guardo un gran cariño a este poema, es simple, pero realmente es lo que necesitaba transmitir.
No ríe nuestro silencio en vano
No falta la presencia mutua
No vive por nada el palpitar de un corazón
En la mente de un soñador esperanzado
Imploro regrese tu bella mirada
Y así recordar el brillo:
que de estrellas, una miríada
o que dejes mi alma ya errante
dar un último paseo por la mangata
A rielar mientras sus suspiros
dejan hasta a la luna embobada.