Este texto fue el último que escribí antes de irme del colegio, yo lo escribí pensando en algo bastante específico, sin embargo, pronto me di cuenta de que se prestaba para interpretaciones variadas que, incluso si no eran lo que yo originalmente pensé en plasmar, aplican para algo con lo que yo sí me puedo sentir bastante identificada.
La nostalgia encarnada en este poema, aplicada a mil y un aspectos de lo que significa crecer, olvidar, añorar, perder.
Dulce y fragante
Cabellera taciturna, endeble,
moribunda
¿qué pretende aquel semblante?
¿Qué recaban sus miradas inocentes?
Recordé aquel dulzor fragante,
mi desgastada juventud,
rutas grabadas y acontecidas,
eternas en mi palacio
recordé aquella maravilla:
sentir la mano de la felicidad,
el roce en mis mejillas,
el calor de las certezas
Todo tuvo su sentido,
En aquel instante febril
de nuestra joven plenitud
el etéreo espejismo
y aun con estas llagas de tiempo,
permaneces intacto
eternamente plasmado de la forma más gentil
acurrucado y admirado
ojos de alma senil.
Mis pasos tuvieron significado,
mis palabras, destinatario,
y siempre serán recordados,
con esa vida que me entregaste,
el dolor que arrebataste,
nuestros sueños entrelazados
Adiós, joven certeza,
ingenua y frágil rareza,
de esos eternos instantes,
pronto emprenderemos viaje
Cuando todo se torne oscuro,
ya tendré mi equipaje,
y esperaré ansiosa encontrarte,
una vez más, dulce y fragante.