Naturalmente, yo ya tenía nociones de quién era Borges a pesar de no haber leído un texto suyo en el momento que escribí este texto, sin embargo no dimensionaba el impacto que tendría en mí el consumir su contenido.
De por sí estaba emocionada por expresar mi critica sobre un texto de mi elección, y ya se me había mencionado que este autor era particularmente desafiante, estaba bastante predispuesta a encontrarme con algo increíble.
Personalmente admiro su capacidad para complejizar cosas tan simples, como dando la sensación de que se necesita un conocimiento superior para comprender sus palabras, lo cual es justamente lo que genera una satisfacción inmensa al entender, luego de varias re-lecturas, lo que Borges busca plantear. Y es completamente necesario, porque provoca una absoluta inmersión en el contenido del texto para no perder el trazo nublado de la narrativa que da saltos inesperados y vuelve sobre sí mismo.
Sinceramente, este es el texto que más me enorgullece.
Borges: La existencia y su inherente falta de sentido
“Ficciones” (1944) de Jorge Luis Borges, célebre antología comúnmente reconocida como su obra más exitosa, presenta un conjunto de siete cuentos donde el autor recorre distintos estilos y nos presume elegantemente su impecable habilidad para retratar mundos fantásticos y personajes complejos, al punto de crear conceptos y lugares que incluso hacen dudar al lector sobre lo real y lo ficticio. En particular, es curioso encontrarse con cuentos sobre mundos imaginarios, y cómo llegan a reflejar comportamientos tan nuestros, tan humanos. Presentando al lector el concepto de una biblioteca infinita y lo que esto provoca en sus habitantes, “La biblioteca de Babel” parece ser uno de aquellos textos que merecen un vistazo más profundo a la realidad que nos propone, y a la crítica que quizás está tratando de susurrarnos.
Este texto en particular, escrito en prosa, no es la mejor representación del Ultraísmo que se le suele asociar al autor. Posiblemente, considerando su creación de mundo, lo más apropiado sería mencionar el género fantástico, sin embargo Borges tiene una capacidad maravillosa de desligarse de las casillas para crear algo completamente suyo, por lo que, sí, este cuento corresponde al género fantástico, pero es imperativo comprender que se aleja justo lo suficiente para seguir perteneciendo a la casilla, y para a su vez, ser algo completamente distinto. No es exactamente un texto lineal puesto que no cuenta con la estructura clásica de “inicio, desarrollo, clímax y desenlace” y las acciones como tal son difíciles de distinguir; este cuento podría asemejarse más a una conversación que a un relato cronológico.
El autor no se tomó la molestia de generar un mundo sin vacíos argumentales, muchas dudas quedan sobre la sociedad en sí: ¿habían hospitales? ¿de dónde sacaban la comida? Estas ausencias prácticas, en las manos de un escritor como Borges, no señalan error u omisión accidental, más bien un indicio de que el foco no está en la creación perfecta de un mundo fantástico, sino en una alegoría a un mundo del que ya conocemos su funcionamiento práctico: el mundo en el que vivimos. Son evidentes, de vistazo inicial, las semejanzas de nuestra sociedad y aquella de la Biblioteca, no parece atrevido afirmar, en consecuencia, que el cuento busca metaforizar nuestra vida y retratar gráficamente las dudas que nos surgen, el existencialismo y la desesperación.
Los personajes conciben ese lugar ciegamente, y a la vez cuestionando todo. Los razonamientos son maravillosos y abrumadores: un “bibliotecario de genio” infirió y postuló como principio que la Biblioteca era ilimitada, y que esta misma condición indicaría que en algún punto podrían encontrar, en algún libro, las explicaciones a todas sus dudas. Es esta misma idea que brinda esperanza a todos, la que termina siendo el motivo para una depresión colectiva, lo cual es bastante curioso, porque realmente nada cambió, únicamente su nivel de consciencia frente a su entorno, ¿querrá Borges retratar como nuestra terca curiosidad es la misma que podría destruirnos? Ni siquiera parece creíble que alcanzar ese conocimiento superior habría sido lo que ellos necesitaban, sino todo lo contrario, porque la falta de sentido de su existencia era la misma que los motivaba exhaustivamente a buscar un propósito, si aquella desaparecía y eran conscientes de ello, ¿qué otra cosa podría haber existido como motivación?
Lo que Borges plasma con esta biblioteca infinita es una proyección casi burlesca de nuestra propia vida, y quizás deja estelas de la filosofía del autor: la vida y la existencia misma como algo inherentemente sin sentido, por ende, careciendo de lógica la misma necesidad de encontrarlo. El narrador no comparte completamente esta idea, sin embargo la reconoce como algo medianamente posible “Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros (...)” (Borges, 2011 p. 92). Básicamente los bibliotecarios de la zona mencionada hablan de lo siguiente: el hecho de que existan textos coherentes no implica que hayan sido creados con un propósito especial, más bien solo son una consecuencia de las probabilidades azarosas ilimitadas. Las discrepancias dentro del mismo universo son fascinantes, la capacidad del autor para generar principios fundamentados como lo sería en una sociedad real permite una vez más, percibir claramente este paralelismo con la humanidad, las opiniones y la arrogancia de aquellos que se creen sabios, a pesar de que nadie realmente conoce la absoluta verdad.
El narrador no parece completamente seguro de si la creación fue azarosa o divinamente planeada, sin embargo, al inicio menciona que está cercano a morir y en ese punto de su vida sólo le interesa saber si acaso existe un propósito, no especialmente qué conllevaría; implora que aunque no sea su mérito, que algún hombre haya dado con el libro absoluto, que todo haya tenido un sentido “Si el honor y la sabiduría no son para mí, que sean para otros (...) Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique” (Borges, 2011 p. 97). La resignación que le otorga su inminente mortalidad lo lleva a desligarse de todas las fantasías de su juventud y de la búsqueda de una verdad absoluta, incluso menciona al final que él tiene su propia creencia sobre aquel misterioso lugar, y encuentra consuelo en esa idea, a pesar de aceptar que no podrá comprobar nada: estado al que él llega luego de años de dedicarse a la búsqueda del libro absoluto y darse cuenta que había consumido su vida en un mero razonamiento hipotético.
La experiencia del narrador, las reacciones de los habitantes ante un universo ilimitado y la misma condición de la Biblioteca, hablan de cómo la carencia de sentido es inentendible, inconcebible para el humano, y sería letal de ser una verdad absoluta. La resignación a la incertidumbre—expresada en el narrador— permite apreciar la vida por lo que es, en el sentido más primitivo: vivir. La evolución trae consigo el pensamiento y la búsqueda de algo más, pero el autor nos muestra que, a su parecer, en realidad no somos criaturas capaces de manejar ese tipo de verdad que confirma que somos una consecuencia de las probabilidades azarosas, que somos injustificados, por lo que perder la vida persiguiendo un propósito que no estamos destinados a saber no tiene sentido.
Este texto posee características bastante complejas por lo que difícilmente llegaría a ser un best seller, probablemente se asemeje más a un clásico por su originalidad, sin embargo, ninguna categoría es realmente apropiada para un autor semejante, lo cierto es que Borges nunca ha necesitado encajar en una casilla para ser valorable, su autenticidad es, posiblemente, una de sus mayores cualidades.
Si tomamos una perspectiva absoluta de la manera en que Borges nos presenta este concepto de un mundo sin sentido, se evidencia resignación, porque nada asegura que entender todo lo que les rodea llevará a la felicidad, quizás verdades tan complejas no están accesibles por una razón, o quizás porque simplemente no existen. La verdad es que Borges no cree que valga la pena perdernos en la búsqueda de las respuestas, pues fervientemente destaca las consecuencias negativas que les trajo a los integrantes de esta sociedad. En fin, las reflexiones derivadas toman ya un carácter subjetivo, mas, si usted, querido lector, osa tomar este libro, prepárese para mirar en el espejo de Borges, y quizás llegar a cuestionar todo lo que sabía.
Referencias:
Borges, J. (2011) Ficciones. Editorial: Debolsillo.