"Escriban una carta a lo que ustedes quieran, tienen quince minutos"
Querida vejez:
Es evidente que no somos particularmente cercanas y me aterra pensar que lleguemos a serlo; que me envuelvas con tu personalidad tan carismática e inminente.
Por ahora no necesito tus consejos.
Sin embargo, me gustaría decir que mi percepción de ti ha cambiado: cuando era pequeña, en realidad, nunca pasabas por mi mente, ni de visita...nada. Hoy me veo más y más próxima a vivir contigo, y esa idea la verdad no me gusta. No entiendo porqué o cómo te otorgué esa capacidad de invadir mis pensamientos, de convertirte en una inquietud.
Veo personas mayores que son felices y caminan lentito, y sólo puedo pensar en que antes de ser tus amigos fueron como yo: libres de correr y saltar como se les plazca, porque aún no se los prohibías. Extrañamente no te resienten, quizás no veo lo que ellos ven, quizás puedes ser una gran compañera.
Escribo esta carta con mucha anticipación para avisar que no me atraparás volando bajo y que correré de ti cuanto mi energía me lo permita, aunque tu casa sea el destino de todas las rutas, y la piedad no sea lo tuyo.